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“Dios: Creador de la familia”
Pr. Domingo Guzmán
Génesis 2: 18-24
“18 Después dijo Jehová Dios: «No es bueno que el hombre esté solo: le haré ayuda idónea para él.» 19 Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viera cómo las había de llamar; y el nombre que Adán dio a los seres vivientes, ése es su nombre. 20 Y puso Adán nombre a toda bestia, a toda ave de los cielos y a todo ganado del campo; pero no se halló ayuda idónea para él. 21 Entonces Jehová Dios hizo caer un sueño profundo sobre Adán y, mientras éste dormía, tomó una de sus costillas y cerró la carne en su lugar. 22 De la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. 23 Dijo entonces Adán: « ¡Ésta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Será llamada “Mujer”, porque del hombre fue tomada.» 24 Por tanto dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán una sola carne.”
Objetivos del Sermón
- Presentar a Dios como creador de todo, incluso de la familia
- Destacar la importancia de entender a la familia como una institución, con un propósito definido.
- Mostrar que debe existir revelación para que exista una comunión
- Invitar a cada oyente a revelarse a sí mismo delante de Dios
Introducción:
La familia representa nuestro origen. Somos lo que nuestros ancestros nos han legado y todos nosotros le debemos a nuestra familia mucho más de lo que queremos reconocer.
Es cierto que nadie tiene la oportunidad de elegir la familia que tiene; sin embargo, cuando estamos haciendo la elección para el matrimonio, podemos hacer mucho para asegurarnos de tener una familia que glorifique a Dios.
En Génesis 1:1, la Biblia dice que “En el principio Dios creó los cielos y la tierra”. Una poderosa declaración que nos presenta a Dios en su soberana naturaleza creadora. Allí en Génesis Dios también creó el matrimonio; una institución que es la base para que las familias se desarrollen.
Primero somos pareja, luego somos familia.
El objetivo del matrimonio
Recientemente leí una acertada tesis sobre el objetivo de Dios con el matrimonio:
“Muchos creen que el propósito del matrimonio es la propagación de la raza humana. Pero el matrimonio fue diseñado por Dios para lidiar con el asunto de la soledad (Gen. 2:18–24). El SEÑOR Dios dijo:” No es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayuda idónea.”[1]
Con esto en mente, podemos concluir que si nos proponemos tener un matrimonio que logre sus metas, deberíamos iniciar cumpliendo el objetivo divino para el cual fue creado.
La soledad no es buena para el ser humano. Esto no significa que sea pecado estar sin pareja, ni tampoco es una instigación a salir a buscar a cualquiera sólo para no decir que estamos solos en la vida. Sin embargo, Dios que es nuestro creador, nos diseñó con la necesidad de compañía y esa compañía es debe ser idónea, o sea, debe cumplir con los elementos cruciales para que sea exclusiva.
Al respecto, Elena G. de White escribió:
“El hombre no fue creado para que viviese en la soledad; había de tener una naturaleza sociable. Sin compañía, las bellas escenas y las encantadoras ocupaciones del Edén, no hubiesen podido proporcionarle perfecta felicidad. Aun la comunión con los ángeles, no hubiese podido satisfacer su deseo de simpatía y compañía. No existía nadie de la misma naturaleza y forma a quien amar y de quien ser amado”.[2]
Así como Dios se revela, debemos revelarnos
Una de las características de Dios es que él quiere revelarse.
La revelación debe anteceder a la comunión o la relación.
Así como por la revelación que Dios ha hecho de sí mismo por medio de la naturaleza y de la Biblia, hemos llegado a conocerlo; de la misma manera es necesario que aprendamos a revelarnos y a conocer a nuestra pareja.
Priolo, el autor que mencioné antes, nos dice: “En la medida en que dos personas se revelen a sí mismas la una a la otra, ellas podrán tener una relación íntima. En la medida en que no se revelen a sí mismas, no podrán tener una relación íntima. Ahora, puesto que el matrimonio es la más íntima de las relaciones interpersonales, es razonable que un esposo y su esposa, si han de experimentar la intimidad (compañía) de “una sola carne” diseñada por Dios, deben revelarse el uno al otro más que a nadie[3].
Conclusión
Como hemos visto en esta oportunidad, Dios es el diseñador de la familia, el creó todas las cosas y las hizo con un propósito definido y claro. En el caso del matrimonio, lo hizo con el objetivo de palear la soledad. Y de la misma manera, establecer un parámetro para entender la relación que desea tener con nosotros, sus hijos.
Por lo tanto, es sabio que yo comprenda que debe haber una revelación de parte nuestra hacia todo aquel que deseamos amar.
Llamado
Quiero invitarte a revelarte ante tú creador.
Dios conoce nuestro corazón y pensarás que no es necesario que nos revelemos ante él.
Sin embargo, como en toda nuestra relación con él, Dios desea que respondas a la iniciativa que él tiene de buscarte.
Quisieras venir, delante del Señor y decirle a Dios, “Hola Señor, Aquí estoy, sé que me conoces, pero quiero presentarme. Quiero conocerte y convertirme en tu amigo”.
Dios nos bendiga.
[1] Lou Priolo, El marido integral: Guía práctica para ser un esposo bíblico (Graham, NC: publicaciones Faro de Gracia, 2012), 15.
[2] Elena G. de White, Cartas a jóvenes enamorados (Miami, FL: Asociación Publicadora Interamericana, 1987), 11
[3] Lou Priolo, El marido integral: Guía práctica para ser un esposo bíblico (Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia, 2012), 17.